El amor a los elogios

“Otra tentación hay en las palabras que proceden de la boca y en los hechos que son conocidos de los demás, debido al amor de los elogios. Este amor se concentra en alguna privada excelencia para la cual se buscan mendigadas alabanzas. (Libro “Confesiones” San Agustin, Cap x)

En este extracto se entiende claramente que el origen del amor a una persona puede ser en realidad el amor a sus elogios hacia nosotros. Amamos a los elogios en sí, y por eso creemos amar a la persona. Este amor a los elogios tiene una honda raiz en la soberbia y el orgullo, necesitamos mendigar palabras bonitas sobre nosotros mismos, como buscando aprobación y alabanza ajena. Mendigamos amor de esta forma, cuando en realidad nadie nos ama como lo hace Dios. Y en Él deberían centrar nuestros esfuerzos de obtener amor. No en las personas.

¿QUIERES A LA PERSONA O A LOS HALAGOS QUE TE HACE?

“¿De dónde puedo saber si este afecto nace en mí porque no quiero que sobre mí se engañe el que alaba; y no porque me mueva un genuino interés por él, sino solamente porque el halago que recibo es más grande cuando veo que lo que a mí mismo me agrada le agrada también al otro? Porque me parece no recibir alabanza alguna cuando no elogian lo que yo tengo en menos. Y siendo así las cosas, ¿Cómo no voy a estar incierto de mí mismo? A la luz de la verdad que eres tú, veo claro que las alananzas no deben moverme por mí solo por el provecho del prójimo. Y no sé si es así. Yo me conozco mal, tú me conoces bien.” (Libro “Confesiones” de San Agustin, Cap X)

Puede pasar que sintamos un gran afecto o cariño por cierta persona, pero ese cariño no es a la persona en sí, sino hacia los halagos que nos hacen. Nos agrada mucho ser halagados, y más en cuestiones que  damos importancia sobre nosotros mismos. Al recibir esos halagos de parte de esa persona, el cariño se puede confundir, se puede creer que se quiere a la persona en sí, pero en realidad lo que se quiere es seguir recibiendo sus halagos. Y ese amor que se siente no es a la persona sino al sentimiento de deleite que nos causan sus palabras.

 

DIOS LIMPIA LOS MALOS AFECTOS

“Este es , Señor, mi corazón. Mira hacia adentro y ve en el mis recuerdos. Tú, esperanza mía que me limpias de la inmundicia de los malos afectos, atraes hacia ti mis ojos y libras de lazos mis pies” (Libro “Confesiones” de San Agustín, Cap IV)

Hay que tener en cuenta que San Agustin era un joven que se dejaba llevar por las tentaciones mundanas, más concretamente, era mujeriego y seductor. Esto antes de  ser convertido por Dios, y tranformado por Su gracia. Por eso en este extracto se dá cuenta que sólo Dios puede limpiar su corazón de las inmundicias originadas por los malos afectos, como los originados por el amor a sus elogios, dependiendo de ellos para seguir la relación. Dios es el único que nos puede desatar de los lazos de la dependencia de seguir mendigando amor mediante elogios. Pidamos su gracia y Su Amor, que es el único que nos llena plenamente el corazón, hasta un punto de no necesitar estar pidiendo ser amados, porque NADIE NOS AMA COMO DIOS.

Autora: Marilyn

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