Pasado, presente, futuro

 

“No hay nada que pueda llamarse un largo tiempo futuro, lo que hay es una larga expectación de lo futuro. Ni existe tampoco un largo pasado, sino una larga memoria del pasado.”

Me olvidaré, de todo mi pasado, pero no para refugiarme en un futuro que también va a pasar. Con toda la fuerza de mi atención puesta en las realidades presentes; sin dispararme y cargando en ellos toda mi atención, aspiro a arrebatar la palma de la gloria a la que estoy llamado, (…)”

“Mientras tanto mis años van transcurriendo entre gemidos, y tú, mi Padre y mi consuelo, eres eterno.”

(Libro “Confesiones” de San Agustin, Cap 28 y 29)

 

EL PASADO

El pasado no existe, lo que existe es la memoria del pasado. Guárdamos en nuestras mentes imágenes, palabras y situaciones vividas. Algunas felices, otras no tanto. Generalmente hoy actuamos de cierto modo debido a lo que revivimos en nuestra mente del pasado ( quizás un viejo rencor, una vieja situación de angustia que nos hace comportar de manera hostil en el presente).

San Agustín nos invita a olvidarnos del pasado, en el sentido de no aferrarnos a la memoria del pasado haciéndonos esclavos e influyéndo así de manera negativa en nuestra vida.

 

EL FUTURO

El futuro no existe, lo que existe es una expectativa del futuro, que nos esclaviza, nos preocupa, y pone ansiosos.

Aferrarnos a la idea del futuro también puede ser perjudicial.

“No se preocupen del mañana, a cada día le bastan sus preocupaciones” dice Jesús. Y se refiere a las preocupaciones excesivas que nos sacan la paz cuando en realidad deberíamos ponérnos en manos de Dios y confiar, Él nos ayudará.

 

EL PRESENTE

San Agustin destaca entonces que evitemos aferrarnos al pasado o al futuro y en cambio pongamos nuestra atención en las realidades presentes. Lo que quiere decir ocupárse de las cosas que debemos hacer: nuestras responsabilidades y obligaciones de la mejor manera posible, poniéndo todo nuestro esfuerzo para hacer lo que Dios nos indica. ¿Y qué nos indica Dios? Que vivamos en paz y amor, haciéndo nuestras actividades lo mejor que podamos teniéndolo a Dios como centro y guía de nuestra vida. En definitiva, nuestros días son perecederos, pero Dios es eterno.

Conclusión

No nos atemos al pasado.

No nos preocupemos por el futuro

Vivamos el presente como Dios nos enseña,

con responsabiliadad y amor para ser felices.

Autora: Marilyn

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