Estamos en Cuaresma: ¿qué es eso?

 

Son los 40 días anteriores a la Pascua. Tiempo de reflexion, de purificación para renacer como hombres y mujeres nuevos junto al Señor.

 

Somos comunidad. Juntos caminamos en este tiempo de Cuaresma hacia Jesús. Juntos nos cuidaremos en esta ruta, porque el amor es nuestra seña. Juntos nos ayudaremos con el ayuno que Dios quiere (la misericordia),  la limosna (el compartir) y la oración (la unión de corazones con el Señor). Juntos y con la proximidad del Espíritu, tan discreto y tan buen acompañante.

 

 

Si las fuerzas decaen, ya vemos dónde está la gasolinera: ayuno, limosna y oración. Tan sencillo y, a veces, cómo nos desesperamos en el camino.

Nos encontraremos con baches y con dificultades. Tropezaremos en la piedra (¿cuántas veces?). No importa. El perdón de Dios es más grande que nuestras caídas y torpezas.

¡Qué tiempo tan espléndido para hacerlo realmente en comunión! Preocupados unos por otros, sin individualismos, teniendo una mirada más amplia que la propia. La Cruz será nuestra señal y nos guiará. Tomar la cruz, cargar con ella, asumirla, llevarla con alegría.

Cuaresma, tiempo de solidaridad. Y, al final, Cristo Resucitado, que vence al pecado y a la muerte. Hacia Él caminamos. ¡Buena ruta, hermanos!

 

Fuente: pág web de evangelización para niños. http://blogs.21rs.es/kamiano

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Doctor Dios

 

Doy testimonio que Dios sana! Sana enfermedades físicas, problemas emocionales, trabas de miedos, angustias, desganos, todo lo que te aleja de Él te ayuda a sacarlo de tu persona.

 

Todas las personas que critican la religión, o que piensan que una persona es  “rara” si habla de Dios, o si trabaja en la Iglesia, o ayuda a la gente necesitada por amor a Dios, para ser su instrumento. Todas esas personas con actitud crítica y cuestionadora, cuando tienen un familiar muy enfermo, qué hacen?? Le piden a Dios que lo cure. Le suplican arrodillados en una Iglesia que haga algo.  Cómo es eso?? Critican a Dios y a las personas que lo siguen, y después van a pedir su ayuda.

 

Dios es misericordioso, no guarda rencor, a esa persona lo recibe con los brazos abiertos como su hijo. Pero también pasa que luego de recibir su amor, su ayuda, la persona vuelve a la misma actitud crítica de antes. No dejemos que nos pase eso, seamos agradecidos con Dios.

 

La relación con Dios hay que cultivarla todos los días, con oración (que es conversar con Él), con las pequeñas actitudes de la vida cotidiana, manteniendo la paz ante las dificultades, abriéndo los ojos y viéndo todas las bendiciones que hay en nuestras vidas: los amigos, la familia, poder ir a estudiar, poder trabajar, etc. Valoramos las cosas que tenemos cuando las perdemos… No dejes que eso te pase, valóralo y disfrútalo ahora.

 

 

Sánanos, Señor, Jesús. Sana nuestras fiebres, nuestras heridas. Sana a este mundo sufriente. Y después de la curación, pongámonos a servir. Tú eres la medicina que el mundo, la Iglesia y todos nosotros necesitamos.

 

Volviendo al tema de las sanaciones que nos regala Dios, hay que tener en cuenta que Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Él no nos va a dar todo lo que pidamos, sólo nos dará lo que es mejor para nosotros. Dios quiere que seamos felices. Ahora, te has puesto a pensar sobre este tema? Seguramente una enfermedad te sirvió para tener luego una actitud más humilde, menos orgullosa ante los hermanos. Seguramente ese dolor que sufriste te sirvió para darte cuanta que no valoras tu salud. Ese problema alimenticio que tuviste te hizo dar cuenta de lo privilegiada que sos de tener comida y bebida en tu mesa todos los días. Es decir, no digo que Dios se complace en vernos enfermos, pero a veces esas enfermedades nos hacen crecer, y seguir caminando luego, como mejores personas, purificados y fortalecidos en el Señor.

 

El sufrimiento unido a la cruz de Cristo se hace más fácil de llevar. Cuando sintamos un dolor, pensar que lo compartimos con los dolores que sufrío Cristo en la cruz. El dolor compartido duele menos. Es tan grande el amor de Dios que nos dio a su Único Hijo para que nos salvemos, para que podamos apoyárnos en Él en nuestros sufriemientos. Y sentir el abrazo de Jesús es tan maravilloso! Lo puedes realmente sentir! Sólo debes pedírselo al Señor. Y así nunca más te sentirás solo, aunque todos te abandonen, aunque nadie te muestre cariño, tienes el amor de Jesús. Tienes el amor de Dios, tienes la fuerza del Espíritu Santo. Y también el amor maternal de María, como intercesora por excelencia, de nuestras peticiones ante Dios.

 

Entonces, en las enfermedades y dolores de la vida, es cuando más tienes que apoyárte en los cuidados de Dios. Él te puede sanar. Debes confiar en Él. Y estar a su lado todos los días de tu vida, no solamente en esos momentos de desesperación. Dios en nuestro Salvador. Amén!

 

Autora: Marilyn