El amor de Dios

 

“En la vida de cada uno de nosotros hubo amores: grandes y pequeños, tiernos o tormentosos. Hemos sentido la atracción del sexo, la ternura de la amistad, los lazos familiares. Pero todos esos afectos siempre nos han dejado con sed de más, porque ninguno de ellos ha llegado a lo más hondo de nuestra intimidad. Todos son débiles e imperfectos; todos esos amores nos han dado algo, pero ninguno de ellos nos da la vida.”

 

“Hay un amor más fuerte, que me hace existir; hay alguien que por puro amor me está dando la vida, y me hace despertar cada mañana sólo para quererme.  Es el amor de Dios, un amor que sostiene nuestra vida. Por eso, él me dice también en la Biblia: “Te amé con un amor eterno” (Jer 31, 3). “No tengas miedo, Yo te ayudo, Yo soy tu salvador” (Is 41, 14)

“Si a veces creo que no sirvo para nada, tengo que recordar que no es así, que sirvo para ser amado por Dios, y eso es lo más importante que pudo hacer en esta vida: dejarme querer por él, que para eso me creó.”

 

“Pero a veces le echamos la culpa de las cosas que pasan en el mundo, aunque de nada de eso es culpable él. Muchas cosas se explican por la maldad de los hombres. Otras calamidades o enfermedades se explican por causas naturales. Así, cuando hay un huracán que lo destruye todo, no es que lo mande Dios, porque se explica por cambios de temperatura y de presión que son parte del funcionamiento de la naturaleza.”

“De todos modos, si Dios permite que algo de eso dañe a un ser humano, después lo usa para hacerle un bien mayor. Dios no manda las enfermedades, las permite; pero cuántas veces la enfermedad de una persona le ayuda a él y a sus familiares a ser más buenos, más generosos, y a pensar más en los demás, a volver a la fe”

 

“Por todo esto, tenemos que liberarnos del temor. Todo lo que nos pase será finalmente para nuestro bien.”

 

Fuente: Libro “Dejarme amar” Seminario de vida.

 

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