Archivos Mensuales: diciembre 2012

Junto a Dios no hay temor

 

El miedo paraliza. No se como vivir una vida normal, si algo me inquieta, me incomoda, si no paro de pensar en el mal que me puede suceder.

Dosis altas de intranquilidad llevan a la persona a sentirse amarrada, atada, sin posibilidad de reacción. Así el miedo encuentra dentro de nosotros un gran espacio para reinar. Crece y se fortalece cada vez que no lo cuestionamos o no lo enfrentamos.

El miedo es astuto, llega sin pedir permiso. Prepara el terreno y, cuando menos se espera que nosotros lo alimentemos con historias aterradoras que escuchamos sobre los otros, sobre los hechos sufridos que nos contaron; o sea tememos que la misma suerte esté reservada para nosotros.

Fortalecemos el miedo con nuestra resignación, agotamiento ante aquello que posiblemente pueda acontecer. ¿Puede ocurrir? ¡Puede! ¿Va a ocurrir? Esto ya es difícil de precisar. Más si abrazo el miedo como una posibilidad real o concreta, como si estuviese condenado a vivir aquel mal imaginario, es mejor sentarse y llorar pues mi vida ya habrá contraído matrimonio con la falta de sentido.

Fuente: Libro “Miedo”

 

“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Amparo de mi vida es el Señor, ¿ante quién temblaré? “(Sal 27,1)

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