No teman a las amenazas

 

Hola querido lector,

Te cuento que ayer meditaba la siguiente lectura, creo que es muy útil:


“Y ¿quién podrá hacerles daño si se esfuerzan en hacer el bien? (…) No compartan sus temores ni se asusten, sino bendigan en sus corazones al Señor, a Cristo. (…)” (1 Ped 2, 13-15)
 
 
No temas!

Nos da tranquilidad porque comprendemos que nada malo nos puede pasar, que ninguna amenaza externa nos puede dañar, pues la Palabra dice que ningun daño es posible a las personas que se esfuerzan en hacer el bien. Y nosotros intentamos hacer el bien en la medida de nuestras posibilidades, aunque sabemos que tenemos mucho para mejorar.

 

Y esta lectura nos enseña cómo actuar en momentos de miedo por sufrir algún daño a causa de una amenaza externa, que puede ser realmente una amenaza real o también un miedo irreal. Primero creo que la clave está en tomar un momento para reflexionar si esa posibilidad de daño existe y es factible, porque en muchas ocasiones imaginamos un perjuicio en nuestra persona que es solamente producto de nuestra mente, nuestra imaginación. Por supuesto, que esto también puede requerir la ayuda de profesionales de la salud para ayudarnos a descubrir y sanar esta percepción erronea y las consecuencias que trae en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

 

Pero lo más importante que me pareció de esta lectura es que nos enseña que en esos momentos de temor a una amenaza no hay que compartir nuestros temores con otras personas, no hay que asustarse y hay que bendecir en nuestro corazón al Señor. Creo que es destacable no compartir nuestros temores, primero porque al hablar con miedo a otra persona podemos transmitir ese miedo y entonces afectar al otro innecesariamente. Y segundo porque seguimos cultivando en nuestra mente ese pensamiento en vez de cambiarlo por una hermosa alabanza y bendición al Señor. La alabanza interna nos dará paz y tranquilidad, pues la alabanza es un tipo de oración también que puede ser la puerta que nos traiga muchas bendiciones en nosotros, principalmente, en este caso, tranquilidad y serenidad en momentos de miedo.

 

En la alabanza estamos reconociendo el gran poder del Señor, un poder capaz de serenarnos y de sanarnos, de eliminar el miedo de nuestra mente y de nuestro ser, de darnos luz en el entendimiento para reconocer lo ilógico e irreal de esa temida amenaza. Y entonces estaremos en paz, sin miedo.

 

Le pedimos al Señor que nos ayude a seguir sanando nuestros miedos, ansiedad y nos libere de toda cadena que no nos deja ser libres y sanos para El. Amen!

 

Autora: Marilyn

 
 
 
 
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