Archivos Mensuales: marzo 2014

Sed de Dios

 

Hola queridos lectores,

El día de hoy me gustaría reflexionar con ustedes acerca de esos momentos que sentimos un vacío en nuestro interior, que ningún amor humano puede llenar. Y si lo hace, es solo por un instante y luego ese vacío vuelve a estar en nuestro corazón y quizás aún mayor. Es en esos momentos que sentimos sed de Dios, sentimos que es El el único que puede darnos esa Paz y felicidad que llena todo nuestro corazón y nuestro ser, que nos tranquiliza y nos completa de amor, todos los rincones de nuestra mente y de nuestro corazón.

 

 

De Ti tiene sed  mi alma: Contraste entre la vida diaria que a menudo sólo seca el alma y la experiencia que se tiene de Dios en la soledad.

 

“Oh Dios, tú eres mi Dios, a ti te busco, mi alma tiene sed de ti: en pos de ti mi carne languidece cual tierra seca, sedienta, sin agua. Por eso vine a verte en el santuario para admirar tu gloria y tu poder. Pues tu amor es mejor que la vida, mis labios tu gloria cantarán. Quiero bendecirte mientras viva y con las manos en alto invocar tu Nombre. Mi alma está repleta, saciada y blanda, y te alaba mi boca con labios jubilosos. Cuando estoy en mi cama pienso en ti, y durante la noche en ti medito, pues tú fuiste un refugio para mi y salto de gozo a la sombra de tus alas. Mi alma se estrecha a ti con fuerte abrazo y tu diestra me toma de la mano” (Salmo 63, 2-9)

 

Hermoso Salmo que nos transmite esa necesidad tan profunda de Dios, ese anhelo que sentimos de llenar nuestro corazón de amor, de sentirnos amados.. y que buscamos a personas que nos amen, que nos aprecien, que nos abracen, estar con ellas…. pero luego nos damos cuenta que eso fue placentero un momento y luego todo se disolvió. Que ese momento fue para no estar solo, para sentir amor, creyendo que eso borraría ese vacío de amor en nosotros.

 

Pero luego nos damos cuenta que seguimos vacíos de amor, o peor, porque quizás aparecen sentimientos de rencor, enojo, desprecio y tristeza. Al sentirnos luego rechazados, abandonados o despreciados. Y no entendemos, no comprendemos cómo no podemos llenar ese anhelo de amor en nosotros.

 

 

Y es en esos momentos que buscamos con ansias a Dios, que anhelamos Su Presencia Santa. En esa desesperación y tristeza profunda que sentimos, lo buscamos, queremos sentir Su Paz. Queremos experimentar ese amor pleno y esa sensación de sentirnos amados así tal cual somos. Esa experiencia de renovación de nuestro interior, de nueva vida, de alivio, que solo Dios a través de la oración nos concede. Nuestro Padre Celestial tan amoroso con sus hijos, siempre está allí para abrazarnos en Su Amor, y eso es tangible, es palpable, lo experimentamos realmente en nuestro corazón, en nuestra alma, en nuestro ser, en nuestra vida.

 

 

Vemos como Dios va manifestando Su Poder en las cosas sencillas de nuestra vida, en nuestro sentir, en nuestro actuar. Y llena todo de Luz, de Amor, de Paz. Una paz que no existe en este mundo, que nadie nos la puede dar. Un amor único que nadie ni nada nos puede completar cada rincón de nuestro corazón así como Dios puede hacerlo si tú le abres tu corazón. Es una actitud, no hace falta oraciones rebuscadas o grandes meditaciones, con un simple pensamiento:

 

Señor, te necesito, ven Espíritu Santo a mi corazón, inunda con Poder todo mi ser, te entrego todo lo que me aleja de Ti Señor, hazme puro en Tu Presencia, quiero experimentar Tu Amor en mi.  Lléname Señor! Amen!” Ter aseguro que el Señor no hace oídos sordos a un hijo sediento de Su Amor que se lo pide con real anhelo de experimentarlo.

 

 

Dios te ama querido hermano. Dios te ama querida hermana. No mendigues amor de otras personas, si conocieras el gran Amor que Dios te tiene…. ya no sentirías que te falta amor…

 

 

“Tú nos hiciste para ti Señor y nuestro corazón no estará tranquilo hasta que no descanse en Ti” (San Agustín)

 

Autora: Marilyn

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