SI a la vida, No al aborto

No a la despenalización del aborto en Argentina

Actualmente en Argentina se está debatiendo para que se haga ley la despenalización del aborto, argumentando que se producen miles de abortos clandestinos por año y que es perjudicial para las madres, que gran porcentaje  pierden la vida en el intento. Proponen que se hagan en los hospitales públicos con toda seguridad, e incluso que se incluyan en los planes de las obras sociales. Los diputados a favor de este proyecto dicen que hay que respetar el derecho de la mujer y de su cuerpo.

En este artículo, por medio de mi Blog, me manifiesto en contra del aborto y en contra de la despenalización del aborto. Como cristianos que somos debemos luchar por la defensa de los bebés por nacer, ellos no se pueden defender. La vida es valiosa, es un don de Dios, no hay ningún argumento válido que justifique matar a una persona en el vientre de su madre. Ninguno.

Espero que esa ley no se haga. Recemos por eso y para que las personas tomen conciencia de la gravedad que tiene estar hablando con tanta liviandad de un tema tan delicado como lo es la vida argumentando que las mujeres tienen derecho sobre su cuerpo. Los bebés tienen el derecho a la vida.

Comparto ésta historia para que se tome conciencia al respecto:

Una mujer preocupada fue a su ginecólogo y le dijo: “Doctor, tengo un problema serio y necesito desesperadamente su ayuda! Mi bebé no tiene ni siquiera un año de edad y estoy embarazada de nuevo. No quiero dos niños tan cerca. Por lo que el médico le dijo: ‘Ok, y ¿qué quieres que haga? ” Ella dijo: ‘Quiero terminar mi embarazo, y cuento con su ayuda para esto. ” El médico pensó un poco y después de un poco de silencio, dijo a la señora: “Creo que tengo una mejor solución para su problema. Es menos peligroso para usted también. ” Ella sonrió, pensando que el médico iba a aceptar su petición. Luego continuó: “Usted ve, para que no tenga que cuidar dos bebés al mismo tiempo, vamos a matar el que está en los brazos. De esta manera, puede descansar un poco antes que el otro nazca. Si vamos a matar a uno de ellos, no importa de cuál se trata. No habría riesgo en su cuerpo si usted elige al que ya esta en los brazos. La señora se horrorizó y le dijo: “No doctor! ¡Qué terrible! Es un crimen matar a un niño! “Estoy de acuerdo”, respondió el médico. -Pero parecía estar de acuerdo con ello, así que pensé que tal vez era la mejor solución. ” El doctor sonrió al darse cuenta de que había hecho su punto. Convenció a la madre que no hay diferencia en el asesinato de un niño que ya ha nacido y que todavía está en el útero. El delito es el mismo.

¡Juntos podemos ayudar a salvar vidas preciosas!

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¡No abortes! Dios te acompaña.

Escribo este artículo para las mujeres que están embarazadas y piensan en abortar. ¡¡Por favor no lo hagan!!.

Entiendo que puedas estar desesperada, muy angustiada, que te sientas sola porque no fue planeado. Pero tu bebé no tiene la culpa de lo que pasó.

Déjalo nacer. El tiene derecho a vivir, no se puede defender, no te puede hablar, es muy pequeño e indefenso.

Te estoy hablando yo de parte de tu bebe:

” ¡Por favor, no me mates!

¡Yo también quiero vivir! ¡Defiéndeme, que yo no puedo!”

Si estás desesperada, o no puedes criar a tu bebe, puedes darlo en adopción. Si tienes miedo o verguenza de que te vean embarazada, no le hagas caso a esa gente, no te conoce! Y las personas que te aconsejan abortar, las personas que te dicen que es lo mejor, no van a estar a tu lado toda tu vida para consolarte y ayudarte con la culpa y la angustia intensa que te va a quedar por toda tu vida. Quizás no ahora, pero mañana, o en varios años, o en tu vejez, vas a recordar cuando abortaste, cuando le prohibiste a tu hijo que viviera, y te vas a sentir muy culpable, muy angustiada, y ese sufrimiento es muy intenso. Las personas que te aconsejan abortar, no van a estar allí contigo animándote toda tu vida. Por eso, no les hagas caso, no les prestes atención! No hagas lo que ellos dicen! Es tu vida, es la vida de tu hijo! El no tiene la culpa de lo que hayas hecho, o de lo que te hicieron a ti. Déjalo nacer, por favor.

Piensa en tu madre, si ella hubiera estado en tu lugar, contigo en su vientre, considerando abortar por el motivo que tu tienes ahora. Tu estabas en el vientre de tu madre formándote…. no te podías defender,, querías vivir,,,, pero ella hubiera decidio abortar, asi como tú quieres hacerlo… ¡Tú no estarías viva ahora!!! Y no me digas “ah, bueno, sería mejor no hubiera nacido, porque no estaría pasando por esto,,,” Porque no es así, lo sabes! Sabes cuánto te ama Dios, aunque no lo puedas experimentar tan claramente, lo sientes si lo llamas, si lo buscas, Dios te abraza y te acompaña, no estás sola.

Tu tienes una misión en esta vida dada por Dios, la tienes que saber, pide a Dios que te la aclare, todos somos útiles para algo! Todos venimos a este mundo para algo! Déjalo nacer a tu hijo! Y no hagas caso a quienes dicen que sólo es una célula, si estás en los estadíos más tempranos del embarazo, porque es tu bebé! se está formando. Tú también te fuiste formándo en el vientre de tu madre desde las primeras fases del desarrollo. Si tu mamá hubiera decido cortar tu vida en ese momento inicial de formación, es lo mismo que si te hubiera abortado cuando estabas más formado porque el resultado es el mismo: no te hubiera dejado nacer, vivir, y hoy no estarías aquí leyendo este mensaje.

Este es un mensaje para vos especialmente, de parte de Dios:

¡NO ABORTES!YO TE ACOMPAÑO Y TE AMO, NO ESTAS SOLA. SIGUE Y DÉJALO NACER. “

Salmo 139

(13) Pues eres tú quien formó mis riñones, quien me tejió en el seno de mi madre.

(15) Mis huesos no te estaban ocultos cuando yo era formado en secreto, o bordado en lo profundo de la tierra.

(16) Tus ojos veían todos mis días, todos ya estaban escritos en tu libro y contados antes que existiera uno de ellos.

Testimonio de una madre que abortó

En Cotignac, Francia, en un santuario mariano, todos los años se celebra un acto religioso que permite a las mujeres que abortaron reconciliarse con Dios, con la criatura abortada y con la Iglesia. Se pide a las madres que den nombre al ser abortado, que sanen la culpa, que expresen su angustia…En ese santuario, una mamá dio este testimonio:

 

“Soy de la generación que tenía dieciocho años en mayo del 68, a quienes los intelectuales del momento nos dijeron: Dios no existe. Había tenido una infancia desgraciada, viviendo sin Dios en los años determinantes de mi vida. Mi juventud, un desastre. Hice la elección de la unión libre, y recurrí dos veces al aborto. La primera era muy joven y totalmente inmadura; la segunda estaba en plena depresión. Desgraciadamente tanto la primera como la segunda, no encontré en mi camino una sola persona que me explicara la gravedad del acto que iba a cometer; que me dijera claramente lo que pasaba con el embrión. Conque una sola persona hubiese osado decirme esto y me hubiera ayudado a tener confianza en mí, habría logrado que yo acogiera la vida, la vida de un niño inocente, ni niño.”

¿Por qué nadie dice nada? ¿Por qué este silencio del cuerpo médico, de los medios de comunicación, de la prensa? ¿Cómo pueden dejar a las mujeres jóvenes en una total ignorancia; mejor dicho, en una tal mentira? ¿Por qué se rechaza decir la verdad tal cual es? Más tarde comprendí que la sociedad prefiere proponernos una cultura de la muerte antes de una cultura de la vida.”

Yo había perdido la noción escencial del carácter sagrado de la vida, y no sabía que un embrión tan pequeño posee alma. Para mí la vida en ese estadio era lo que me habían contado: unas células en reproducción. Así se nos explicaba en la Facultad de medicina en Francia. El aborto consistía simplemente en parar el proceso cuando un embarazo no era deseado. ¡Ninguna emoción en esa historia! Yo me contentaba con una visión así de simplista de estas cosas: ¡Tnego la pena de haber sido crédula e inconsciente! Viviendo en un lugar de ateos y habiendo yo misma perdido la fe, por dos veces cometí el acto más insensato que pueda serlo para una madre: matar a sus propios hijos.

Más tarde reencontré la fe en condiciones que no podían ser más trágicas. Fue la muerte accidental del más pequeño de mis hijos, Sebastián, que me hizo volver la vista al cielo, ¡tan insoportable era mi sufrimiento! Después de este terrible acontecimiento, enseguida recordé los dos hijos abortados. Me di cuenta que no era un hijo que acababa de perder sino tres; fue como si mi conciencia oscurecida después de los años, con la violencia del trauma, se iluminara hasta sus más recónditos rincones. Esos rincoones, olvidados, encerrados, bloqueados para no ver, pues lo que uno ve tiene peligro de hacernos morir de miedo. Todo lo que se ha hecho en la sombra será revelado en el gran día, esto nos dice Jesús en el Evangelio.”

“Mi conciencia se iluminó de una manera brutal, haciéndome ver la gravedad del acto cometido. Desde entonces viví continuamente con el pensamiento centrado en estos dos hijos, bien vivos en el más allá, y con los que Sebastián se ha reunido.”

Vivo constantemente con la percepción dolorosa de que cada uno de ellos es una criatura de Dios, única, y que yo desprecié este regalo que es de un valor inestimable. Yo comentí el acto más horroroso que existe, sin darme cuenta.”


“Pienso también en mi otro hijo G. que hoy está solo, y a quien aún no me he atrevido a decir la verdad. Me cuesta mucho explicárselo. Pues al hacerlo reviviré mi sufrimiento. Creo que debo atreverme a decírselo, otras madres lo han hecho antes que yo, cosa que nadie quiere entender.”

El aborto es una nueva matanza de inocentes, ahora a nivel planetario. Los inocentes no tienen ni la posibilidad de defenderse, ni la de gritar su dolor (y menos aún de exponer a la vista del mundo sus pequeños cuerpos arrancados de la vida.) Debo, a pesar de mi verguenza, denunciar este crimen abominable a quien quiera escucharme.”

” Debo y quiero dar testimonio de lo que yo he vivido, por todas las mujeres que están a punto de abortar, a fin de que ellas piensen esto: un día, mañana, dentro de diez años, en su vejez, ellas comprenderán igual que yo que fueron engañadas, que dejaron que la sociedad abusase de su egoísmo, una sociedad que quiere ofrecer todas las libertades, todos los placeres, no importa q qué precio. Cuando llegue ese día sentirán esa pesada culpabilidad que llevan a sus espaldas. El marido, la pareja, el padre, el médico, la asistente social, los amigos, todos los que contribuyeron al aborto, o quienes no hicieron nada para impedirlo, no estarán entonces allí para llevar con ellas el peso de la culpa y la responsabilidad

“Podemos hacer un trabajo de curación interior con el sentimiento de culpabilidad que nos tortura, pero no se me borra jamás quel día maldito, cuando cometí lo irreparable: prohibir a mis propios hijos del derecho a vivir

“Por mi parte, yo pido perdón a Dios; me ha llevado mucho tiempo creer que Él puede perdonarme; actualmente me siento perdonada, pero sigo habitada por la tristeza. Espero y deseo reencontrar a mis hijos un día. En una peregrinación y ceremonia propuesta por la Iglesia les he pedido perdón y les he dado  nombre, y les he vuelto a dar un lugar en mi familia, y sobre todo en mi corazón, y me refugio en nuestra Madre María, cuando la angustia es demasiado fuerte

Si la desgraciada experiencia de mi vida y el sufrimiento que siento hicieran pensar siquiera a una mujer a renunciar al aborto, yo estaría loca de alegría por ella y por su hijo. Que ella pueda encontrar personas que la ayuden a aceptar y amar esta vida única e irremplazable, que toma cuerpo en ella y que no pide otra cosa que el amor de sus padres y de su madre en particular”

“Padre nuestro, a través del don inestimable de tu Hijo bien amado, nos das la posibilidad de rehacer nuestras vida. Tú ofreces a todas las madres desamparadas como yo la posibilidad de volverse hacia Ti. Te doy gracias por los ápostoles infatigables que pones en nuestro camino. A través de la misión que Tú les confías, nos ofreces la posibilidad de apartarnos de nuestro camino de muerte y volvernos al camino de la vida. Te doy gracias por haberme abierto los ojos aunque esto sea doloroso, y te ofrezco mi sufrimiento, para que acabe la plaga abominable que es el aborto. Amén.”

 

Contignac, Francia.

Septiembre 2003.

Una madre.

 

“Adiós, mamá”

Hay que dar a los niños abortados

el derecho de hablar a la humanidad

“ADIÓS, MAMÁ”

Mayo, día 1: Mis papás me han llamado a la vida.

Mayo, día 15: Mis primeras arterias aparecen y mi cuerpo se está formando rápidamente.

Mayo, día 19: Ya tengo boca.

Mayo, día 21: Mi corazón empieza a latir.

Mayo, día 22: Mis brazos y mis piernas empiezan a crecer. Ya me estiro.

Junio, día 8: Mis manos empiezan a tener pequeños dedos.

Junio, día 16: Hasta hoy mi mamá no se ha dado cuenta de que estoy aquí.

Junio, día 20: Ahora ya es seguro, soy una niña.

Junio, día 24. Todos mis órganos se dibujan. Puedo sentir el dolor.

Julio, día 6: Ya tengo cabellos y pestañas.

Julio, día 8: Mis ojos están totalmente formados desde hace tiempo aunque mis párpados, todavía están cerrados.

Julio, día 12: Mi corazón late magníficamente. Me siento protegida.

Julio, día 19: Hoy, mi mamá me hace morir. ¡Adiós, mamá!

 

(Fuente: Libro “Cuentos educativos para jóvenes” Ed. San Pablo)

 

¿Quieres abortar? ¡No lo hagas!


Si no quieres tener a tu bebé. Si estás pensando en abortar.



“Si oís que alguna mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, intentad convencerla para que me traiga a ese niño.  Yo lo amaré, viendo en él el signo del amor de Dios” M. Teresa de Calcuta, al recibir el premio Nobel de la Paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979)